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De cómo la prensa libre hizo pequeño el mundo de Alex Saab

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Hace algunos años, un veterano director del posgrado de periodismo digital de una universidad española estuvo de visita en Venezuela.

Fue justo en los días en los que Alex Saab había logrado prohibir que se le mencionara en el portal Armando.info.

Entre los periodistas que nos reunimos con él había preocupación y desencanto.

El director de un medio digital le espetó al director (que había desempeñado varios altos cargos en la prensa española) que los periodistas venezolanos «investigamos e investigamos y no pasa nada».

El experto lo miró y le respondió: «No pasa nada todavía«.

Por supuesto, tenía razón. La historia está llena de ejemplos de como el periodismo cambió el curso de la política, en el corto o el mediano plazo.

No hay intocables

Los primeros en poner a Alex Saab en el ojo público fueron los cuatro periodistas venezolanos que crearon Armando.info: Ewald Scharffenberg, Alfredo Meza, Joseph Poliszuk y Roberto Déniz.

Pagaron un alto precio por ello. Concretamente, se les prohibió hablar de este «empresario» al que defiende la Cancillería venezolana con insólito ahinco; y finalmente, las presiones los obligaron a abandonar Venezuela.

No han abandonado, sin embargo, la causa del periodismo independiente. Siguen trabajando. Ventajas de la era global.

Mientras tanto, el poderoso Alex Saab demostró no serlo tanto.

En un también insólito sitio para la globalización, el archipiélago de Cabo Verde, en la costa occidental de África, uno de los hombres mejor relacionados con la revolución bolivariana se encuentra detenido.

El mensaje es muy claro: No hay intocables. Y más allá de que Alex Saab pudiera librarse de esta, el mensaje para todos los que como él tienen relaciones con el régimen, y para los propios miembros del régimen, es muy claro.

No olvidemos que Jorge Arreaza, canciller del régimen de Maduro, afirmó que Saab era «un agente del Gobierno bolivariano de Venezuela (…) con inmunidad diplomática».

Un pasaporte que solía ser un salvoconducto total hoy se encuentra cuestionado. Y con ese pasaporte, todos los que aún logran andar, a salto de caballo, por el mundo, para llegar a los sitios donde aún lo reconocen.

¿Quién es el que está en ruinas?

Desde el día cero de la revolución bolivariana, la prensa ha estado bajo ataque en Venezuela.

Se la ha satanizado, se la ha criminalizado, se la ha asediado e incluso Nicolás Maduro llegó a hacer burla de «las ruinas de la prensa burguesa en Venezuela».

Por supuesto, Maduro se ha dedicado a derribar a la prensa con un ahínco total: comprándola, asfixiándola, quitándole sus medios de sobrevivencia.

Como dijo un premio Nobel de Economía sobre Maduro, «apuñala a la economía todos los días y luego se pregunta por qué está agonizando».

Lo mismo, por supuesto, aplica a los medios de comunicación.

Pero resulta que esa misma prensa, que ya no llega ni con mucho a ser el cuarto poder, en Venezuela ni en ninguna parte, logró poner de rodillas al régimen, gracias, en parte, al trabajo de cuatro buenos periodistas.

Gracias a los periodistas que tercamente seguimos en Venezuela, o con ella dentro o fuera, se han conocido los peores secretos de la revolución bolivariana.

Hay un régimen en ruinas, no unos medios. Los medios estamos muy golpeados, pero tenemos la ventaja de que trabajamos con la realidad.

Y eso siempre nos convierte en enemigos de un régimen cuyo peor adversario es ese, justamente: la realidad del hambre, de la corrupción, de la vesanía y de la desidia con que han manejado este país durante 20 años.

En este mismo momento, en Argentina, todavía hay torturadores siendo juzgados por sus desmanes cometidos hace 40 años. Fue la prensa la que también develó estos horrores.

A la larga, como dice el sabio refrán, nada está oculto bajo el sol.

El régimen de Nicolás Maduro no tiene futuro. Por eso se aferra a este presente que va casi de semana en semana.

Pero el mundo se les ha hecho pequeño, y se les va a seguir haciendo pequeño.

Y todo gracias, en parte, a decenas, centenares, miles, de obcecados perseguidores de la verdad llamados periodistas.

La prensa libre es necesaria y es importante.

Apóyela.



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