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Familias venezolanas no están preparadas para clases a distancia

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Aristóbulo Istúriz aseveró recientemente que Venezuela incorporó a su sistema educativo la modalidad de educación a distancia, con el cual se logró finalizar el año escolar con “éxito”. Adelantó además que bajo este mismo sistema iniciará el nuevo año escolar, y continuará mientras dure la pandemia.

Los especialistas tienen otra evaluación: las clases a distancia no funcionaron. No se tomaron en cuenta las condiciones en las que viven los alumnos, sobre todo de los sectores de menores recursos: sin luz, sin Internet y hacinados. Destacan además que los programas no fueron diseñados correctamente y no generaron el aprendizaje adecuado.

Desde que fue decretada la cuarentena en el mes de marzo, las instituciones educativas cerraron sus puertas y se apegaron a lo que ordenó el ministerio de Educación: clases a distancia para evitar la propagación del virus. Así, iniciaron un plan donde enviaban actividades semanales y los padres debían enviar soporte de las actividades, con fotos y vídeos.

Además, muchos maestros solicitaron a los padres armar un portafolio de actividades que entregarían al final del período para su evaluación. El ministerio de Educación puso a disposición de los alumnos, maestros, padres y representantes el programa televisivo “Cada Familia Una Escuela”, en el que presentadores impartían clases a los distintos niveles.

La profesora y analista de políticas públicas en educación Olga Ramos indicó que el Estado debe dar las condiciones necesarias para que los estudiantes reciban la educación adecuada, y al momento de suspender las clases presenciales y establecer la educación a distancia, este objetivo no se cumplió.

“Lo que hizo fue generar dificultades a todos los estudiantes porque el cambio no fue hacia una modalidad con un diseño específico y coherente. Se lanzó un programa que tiene la pretensión de ser educación a distancia pero fundamentado en la lógica de educación en casa”, expresó en entrevista concedida a [i]ND[/i].

Precisó que “educación a distancia” y “educación en casa” no son lo mismo. La educación en casa existe en muchos países como alternativa y va acompañada de unas normas muy específicas: los padres son responsables del aprendizaje de sus hijos. El Estado, por su parte, supervisa el proceso y verifica que ocurra el aprendizaje. La educación a distancia, por otro lado, es impartida por profesores a través de distintos canales: correo electrónico, radio, televisión, blogs, etc. Dependiendo del medio la estrategia varia.

“No es lo mismo cuando aprendes por correo que por televisión. La estructura es distinta. No es lo mismo montar un curso en línea que enviar audios de WhatsApp. Si en una casa el estudiante no tiene señal, no tiene televisor, no tiene Internet no podrá usar estos medios para cumplir con la educación a distancia”, añadió.

“Cada familia una escuela” fue un intento que fracasó

Ramos criticó que el ministerio de Educación no desarrolló adecuadamente la estrategia para implementar las clases a distancia y señaló varios errores.

“Creó un canal en YouTube donde subió programas de televisión que no los podían ver quienes no tenían acceso a Internet. Subió los audios de esos programas de televisión a una red de notas de voz parecida a SoundCloud y esto no tiene sentido alguno. No tiene sentido cargar un audio de un programa de televisión. Debía haberse creado una versión diseñada con un guion específico para audio porque no sirve de nada que un maestro diga ‘vea esta ecuación’ cuando no puedes ver nada. Esto te genera angustia”.

“No puedes tener malos programas de televisión que no sirven ni para los padres ni para los alumnos. No puedes usar audios de programas de TV para programas de radio. Cada recurso debe diseñarse de manera distinta. No puedes imprimir las guías de difusión, que según el ministerio se distribuían en los periódicos del país, con el mismo diseño del programa de TV porque es un complemento que no servirá al estudiante que no tiene Internet y que no tiene televisión”.

Otra debilidad es que el programa agrupó a los estudiantes por etapas y se hizo un “mateo” de los temas. “Un niño de tercer grado no puede aprender lo mismo que el de sexto grado. Estas pirateando y dando un mateo a la formación porque es un programa de corta duración”.

“El programa, además, no ofrece la posibilidad de interacción y si tu padre es analfabeta o no tiene conocimiento sobre un tema o sencillamente no tiene tiempo porque debe trabajar, el aprendizaje se ve disminuido. No va a tener las mismas posibilidades de aprender que otro estudiante que tiene familiares con una buena formación académica y que puedan responder las dudas”.

Los programas deben ser personalizados 

La especialista resaltó que existen estudios que han demostrado que la educación debe ser lo más personalizada posible porque cada alumno tiene intereses y formas de aprender distintas. En el aula los maestros se las ingenian para captar la atención de los estudiantes y esto debe adaptarse a la educación a distancia. “No es lo mismo que decir que tienes disponible un programa de televisión y una guía cargada en una plataforma”.

Esto no es posible cuando ni el profesor ni el estudiante tienen un teléfono inteligente o un computador con conexión a Internet. En muchos casos no tienen electricidad hasta por 48 horas. Ramos recalcó que deben darse las condiciones para que el maestro sea acompañado por un asistente que le ayude a evaluar las actividades y tener a su disposición recursos como pruebas, exámenes y [i]bots[/i] que faciliten el proceso.

“El ministerio tendría que haber hecho una inversión mayor: contratar asistentes, comprar equipos inteligentes, canaimitas. Debe estar garantizado el acceso a Internet o buscar recursos adicionales para suplir a quienes han perdido los televisores por apagones o para quienes no cuentan con electricidad”.

Cuando no se cumplen estos parámetros se somete al estudiante a una discriminación, porque tiene menos posibilidades de cumplir con las actividades frente a otro estudiante que no se vea tan afectado por esta situación.

Además, apuntó que no todas las familias viven en casas con espacio suficiente.“Tener que estar dentro de la casa todo el tiempo perturbó la dinámica familiar, sobre todo cuando la mayoría se dedica a cocinar o limpiar, y al mismo tiempo están los niños haciendo las tareas, cuando no hay agua, cuando se va la luz y no se tienen los ingresos suficientes. Esto incrementó el estrés familiar y por supuesto disminuye la capacidad de desarrollo de las actividades”.

Ramos relató también que muchos docentes manifestaron que los estudiantes o los familiares les escribían a cualquier hora, a las 12 de la noche o durante un fin de semana y esto pasa porque no se estableció una “nueva lógica de interacción con una nueva cultura educativa”.

Nadie delimitó que esta estrategia requería tiempos distintos para interactuar con el docente y que se debía ampliar o modificar el horario de aprendizaje.

Considera que el año escolar debía ser modificado para que quienes están en zonas donde no hay electricidad pudieran cumplir con las actividades. “No puedes pretender que el año escolar sea igual al de manera presencial. El año escolar debía ampliarse porque no puede culminar al mismo tiempo que en años anteriores cuando no todos cumplieron y cuando estamos en medio de una pandemia”.

Sobre este punto, estimó que el ministerio debió tomar un tiempo de evaluación luego de que se decretó la pandemia para evaluar cómo estaban los estudiantes y la opción de comunicación e interactividad de cada familia.

“Debiste tomar unos días antes de continuar con las clases porque debe haber un período para acoplarse a la transición del sistema presencial al sistema a distancia. Y eso lleva tiempo. Necesitabas diseñar distintos tiempos y definir la flexibilidad para quienes tienen desventajas. Para aquellas personas que tienen ventajas de tener conexión a Internet las actividades podrían terminar al tiempo que si estuvieran en clases presenciales. Pero para quienes deben llevar el material en lancha o que no cuentan con un sistema de transporte necesitan tener más tiempo y deberías haber decretado una modificación en el calendario escolar y una flexibilización. Unas reglas que permitieran que no estuvieras discriminando por condiciones de vida o del país a ciertos sectores que viven en zonas de Amazonas porque no tienen electricidad, o en el Zulia, donde solo puedes llegar a pie y tienes que llevar el documento impreso porque no tienes posibilidades de conexión o no tienes correo electrónico”.

Entre Canaimitas y la crisis

Antes de la llegada del coronavirus, Unicef advertía que cada vez era más difícil para los estudiantes asistir regularmente a las escuelas debido a las fallas en los servicios públicos, la falta de comida y lo irregular del transporte público.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), antes de la pandemia, el 28 % de los escolares no asistía a clases por falta de agua; el 22 % por carencias de alimentos en el hogar; y 13 % por esta misma razón en la escuela.

De acuerdo con las cifras del ministerio de Educación, para este año escolar 2019-2020 hay 11 millones de estudiantes de educación básica en el país, y en marzo, el ministerio de Educación anunció que había repartido casi seis millones de Canaimitas desde que este programa se inició en el 2008.

Diputados de la AN denunciaron a mediados de abril que el plan de educación a distancia implementado por el ministerio excluye al 75% de los estudiantes, que no tienen computadoras, teléfonos inteligentes ni acceso a Internet.

Uno de cada tres niños de tercer grado no sabe leer

Gustavo Padrón, docente y director del Colegio El Junquito, coincidió con Ramos en que ni los docentes ni los alumnos estaban preparados para que las clases fueran impartidas a distancia y aseveró que más del 60% no pudo cumplir con las actividades porque no tiene teléfonos inteligentes o herramientas tecnológicas para recibir “clases en línea”.

En conversación con ND, Padrón reconoció que debido a la falta de experiencia en situaciones de este tipo, los docentes exigieron a los alumnos, padres y representantes que realizarán una gran cantidad de actividades sin tomar en cuenta las condiciones socioeconómicas de las familias.

“En sectores de clase media hacia abajo más del 60% no tiene equipos de tecnología o herramientas. Los representantes se han quejado de que tuvieron que imprimir y hacer actividades en hojas y colores para cumplir con las actividades del portafolio. Se gastó mucho dinero en hojas y materiales porque les pidieron muchas actividades. Hay que reconocer que los docentes, por no estar preparados, porque ninguna universidad enseña como impartir educación a distancia, empezaron a enviar muchas actividades y esto expuso a los niños y jóvenes a una situación emocional bien complicada”.

Padrón resaltó que los niños no entienden lo que está pasando con la pandemia y no entienden que deben estar en casa. Y tampoco comprenden por qué deben hacer muchas más tareas de las que hacían en el aula de clases.

En palabras de Padrón, los problemas educativos de Venezuela no son nuevos, ya que desde hace al menos 10 años, el ministerio ha dado la orden de que ningún niño se quedé atrás, o lo que es lo mismo, que los profesores los pasen de grado sin importar si aprendieron o no.

“Hay una gran diferencia entre hacer actividades y aprender. Responsablemente digo que desde hace 10 años hay una promoción automática desde educación inicial hasta secundaria sin que haya un aprendizaje efectivo. Desde hace más de 10 años no se evalúa el aprendizaje. La educación está muy mal porque no estamos evaluando si los niños están aprendiendo”.

“Uno de cada tres niños de tercer grado no lee. Dos de cada cuatro niños no realizan operaciones matemáticas adecuadamente. Todo esto empeora cuando por la pandemia un niño que cursa primer grado y que debe estar aprendiendo a leer no tiene en el hogar un padre o un representante que cuente con el tiempo y las herramientas para ayudar y colaborar para que este niño lea, escriba y module. Lo mismo pasa en cuarto grado cuando comienza una matemática compleja: fracciones, conjuntos. El Estado no ha tomado la responsabilidad debida al implementar la educación a distancia”.

“Cada familia una escuela” fracasó: solo el 30% cumplió las actividades

Detalló que cuando fue instaurada la modalidad de educación a distancia, algunos docentes pensaron que el promedio de notas de los alumnos mejoraría y esto no fue así. En el colegio que dirige solo el 30% de los alumnos cumplió con todas las actividades.

“Desde la casa las cosas se complican. La escuela es más que un lugar para aprender. Es un centro de esparcimiento. En casa los padres no están preparados para ayudar en la educación a distancia y el programa “Cada familia una escuela” no fue efectivo”.

Declaró que como docente propone que el período de septiembre a diciembre sea utilizado para que los alumnos cumplan con las actividades escolares de manera semipresencial y se puedan abordar los contenidos de este año escolar para identificar posibles fallas, y que el nuevo año escolar inicie en enero de 2021.



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