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Dama en la calle, pero P….. en la cama ¡INTERESANTE!

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“Las mujeres deben ser damas en la calle y picaras en la cama” Esta frase, que tan popularmente escuchamos, recoge un sin fin de verdades, según la psicóloga y asesora de sexualidad y erotismo Alejandra Quintero.

En este sentido, la especialista explica cómo esta aparente expresión, principalmente, agrupa un alto contenido de conceptos patriarcales, moralistas y machistas fijados en la memoria colectiva de la sociedad.

«Ser dama en la calle y pícara en la cama» denota cierta hipocresía sexual.

Lo grave de este asunto, es que esta hipocresía o doble moral, resulta poco saludable y perversa para los grupos sociales, detalla Quintero.

Dama en la calle y P… en la cama ¿Virgen y demonia?

Mas allá de los tabúes sociales e interpretaciones, Quintero, advierte que ser dama en la calle y pícara en la cama, representa una dualidad.

Es un binomio que toda mujer lleva por dentro, con el cual debe reconciliarse.

“Cuando la mujer se reconcilie con su prostituta interior, vamos a empezar a marcar un camino hacia la libertad, porque ya esa mujer gozosa, esa mujer pícara, esa magdalena que llevamos dentro, esa prostituta sagrada, las hetairas, las geishas, cuando las reconciliemos, las aceptemos, cuando no nos genere ni ansiedad ni culpa gozar a partir de nuestros cuerpos, estaremos marcando, primero el camino hacia la liberación de la mujer y segundo, el camino hacia la felicidad, porque después de la liberación viene la felicidad y el amor” explica.

Qué propone

Según Alejandra Quintero lo primero que debemos hacer es cuestionar y destruir la hipocresía sexual.

¿Cómo? Destruyendo cualquier tipo de moral opresora, antinatural y antihumana.

 “Que no nos dÉ miedo ser amorales, que no nos dÉ miedo ser inmorales, porque después de no tener moral viene la ética, la ética es la auto imposición de los valores, la ética es definir por sí mismo qué es bueno y qué es malo. Una persona ética no permite doble moral”.

Lo segundo es integrar la «prostituta interior», con la inocente sagrada.

“cuando la mujer se ame como unidad completa, sin tenerse que dividir, sin que su sombra la avergüence, cuando se reconcilie con sus fantasmas y sus monstruos, ese día llegará la verdadera liberación de la mujer” finaliza.

Creer que la mujer que es entregada, abierta, libre de explorar y de hacer en la cama todo cuanto quiera es una prostituta, por un lado evidencia cómo las relaciones humanas no son democráticas, ni consensuadas y algo injustas. Además de convertirse en un atentado contra las relaciones eróticas afectivas y saludables.

“Nos está demostrando que la mujer es ese objeto que satisface las necesidades sexuales masculinas y que fuera de ese campo debería comportarse diferente, ser distinta. Esa es una erótica de la opresión”, Explica Alejandra Quintero.

La especialista centra su orientación de la sexualidad a la transformación de las relaciones entre seres humanos, donde se entiende al otro cara a cara, al mismo nivel de respeto.



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