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La propuesta de Capriles, ¿tomando distancia?

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Descartada la participación electoral de la oposición democrática, la discusión debería derivar hacia la estrategia para los meses que quedan de este año (que todos deseamos que termine rápido) pero sobre todo para lo que será el derrotero opositor a partir de enero de 2021, para lograr el objetivo de restaurar la democracia y el Estado de Derecho.

El punto focal de esta discusión es la propuesta de Juan Guaidó, que ha invitado a algunos líderes opositores y a las organizaciones de la sociedad civil a la creación de una hoja de ruta para enfrentar al fraude y elaborar una agenda concreta de lucha y movilización, que ha sido resumida como “la construcción de un pacto unitario”.

Teniendo como referencia la propuesta de Juan Guaidó y el Frente Amplo, me voy a concentrar en el documento de Henrique Capriles Radonsky, dado a conocer el 24 de agosto, que contiene una crítica a la propuesta Guaidó, aunque no llega a formularla de manera explícita. Desconozco la real intención de Capriles con su documento pero, a mí al menos, me parece que trata de “tomar distancia”, de diferenciarse de lo planteado por Juan Guaidó y el Frente Amplio.

El documento de Capriles comienza por matizar el concepto de “unidad”, esbozado en la propuesta Guaidó, aludiendo a que es un error que la misma se pacte entre políticos, como de alguna manera se deduce del planteamiento de Guaidó, e introduce cinco puntos, que, como se quieran leer y a pesar –como ya dije– de que no lo esboza de una manera clara y directa, los cinco puntos son sin duda alguna una propuesta alternativa.

El documento Capriles, que él titula “A nuestra Venezuela sobre la unidad y los tiempos por venir”, al no tener una propuesta clara, me parece que su intención es otra, diferenciarse o tomar distancia. Pero, escudriñando en él se puede decir que propone buscar cuáles serían las acciones para unificar las fuerzas y lograr ser una alternativa real al “poder que hoy controla Maduro”. Veamos, en orden, los cinco puntos que propone Capriles, en comparación con algunos de los propuestos por Guaidó.

En el primer punto, la ruta Capriles “es la de escuchar a la gente”, a diferencia de lo propuesto por Guaidó que ha invitado a llegar a un acuerdo a los principales líderes del país, nombrando incluso a algunos de ellos, y a las oenegés involucradas en la actividad política.

En el segundo punto, la ruta Capriles dice que no debe significar “más sacrificios para las familias venezolanas” y alude a temas como la falta de gasolina y otros aspectos, que podrían significar una cierta crítica a algunas de las sanciones internacionales, que es un tema que si bien no figura en la propuesta Guaidó, sabemos que en otras ocasiones él ha insistido en la importancia de las sanciones internacionales como elemento de presión sobre el régimen venezolano, para obligarlo a negociar una salida.

En el tercer punto el documento Capriles señala que los recursos que tiene la nación en el exterior tienen que usarse con “criterio” y de forma “transparente”. Aquí Capriles implica la existencia de cuantiosos recursos en el exterior –que el Gobierno Interino ha negado–, y un cierto “manejo” no adecuado de esos recursos, con lo que algunos críticos han acusado a representantes del Gobierno Interino. Pero una vez más, Capriles tampoco es claro ni directo; como todos los señalamientos de este tipo, hace una afirmación genérica, como dicha al paso, o “dejada caer”, sin hacer una denuncia concreta ni aportar elementos probatorios. El gobierno interino ha dicho que los recursos del exterior son manejados por agencias internacionales y que ellos no tienen acceso directo a los mismos; Capriles abona la duda, pero no aporta elementos correctivos o probatorios.

En el cuarto punto, de una forma un tanto enrevesada, Capriles finalmente llega a dos temas con los que se diferencia claramente de lo planteado, no solo por Guaidó, sino también por la oposición democrática. Un tema es el planteamiento que se atribuye a algunos partidarios del Gobierno Interino, que han especulado con la posibilidad de la prolongación del mandato de la actual Asamblea Nacional –y en consecuencia la del Presidente Encargado–, a partir del 5 de enero de 2021, con base en que las elecciones del 6D, que al haber sido convocadas por un CNE designado por el TSJ, por no ser libres, por haber sido intervenidos los partidos políticos de oposición, no serían legitimas. Aquí el documento Capriles sí es claro y directo al señalar que hay “una realidad que no se puede obviar: el próximo 5 de enero de 2021 la Asamblea Nacional, electa por el voto de nuestro pueblo, culmina su período”.

El segundo tema planteado en el punto cuatro del documento Capriles, sin una solución de continuidad con el anterior, establece también su separación y diferencia con respecto al tema electoral; apoyándose incluso en lo señalado por los obispos –en el último documento de la CEV, el cual cita– parece defender la necesidad de una participación electoral.

Capriles dice que hay que negarse a aceptar la estrategia del régimen que diseñó unas parlamentarias para que la oposición no participe, que hay que negarse a cometer dos veces el mismo error –en alusión a la abstención opositora en las parlamentarias del año 2005– y defiende los procesos electorales como medios de movilización política, por lo que supondría que su estrategia sería luchar por unas condiciones electorales mínimas y no “la abstención y la resignación”.

En el documento no se asume tampoco, completamente, esa alternativa. Sin embargo, en días posteriores hasta se ha llegado a especular que el grupo que él apoya –La Fuerza del Cambio– inscribiría candidatos para participar en el proceso electoral. Al momento de escribir esta nota eso no ha ocurrido, pero el plazo para inscribir candidatos vence el viernes 4 de septiembre, por lo que habrá que esperar el desenlace de esta información. Lo que también es cierto es que el documento Capriles deja abierta una ventana a la duda al aludir a que los efectos de la pandemia podrían implicar la suspensión o aplazamiento del proceso, con base en el objetivo superior de cuidar la salud del pueblo venezolano.

Finalmente, en el punto cinco, se establece otra clara diferencia entre las propuestas de ambos líderes. Los voceros de quienes apoyan a Guaidó nos hablan de que hay que hacer una consulta “virtual”, que abarcaría varios temas, en los que aún no hay acuerdo; mientras que Capriles es enfático en señalar que “como líderes políticos nacionales, tenemos que poner los pies sobre la tierra y no seguir alimentando fantasías que lo único que generan es más frustración y desconfianza en los venezolanos… (y que) … Es un grave error pretender diseñar y convocar a una suerte de consulta “virtual” …”

Además de los cinco puntos señalados, el documento Capriles deja colar en varias frases sus diferencias, no solo con la propuesta Guaidó, sino también con lo que este representa. Por ejemplo, en esta que es muy significativa: “Nosotros no somos Gobierno ni estamos en el Gobierno: estamos en la oposición y queremos un cambio por la voluntad del pueblo venezolano”.

Creo que en este punto Capriles peca de extremar las diferencias. ¿Qué estará implicando aquí el documento Capriles? Porque por la forma en que está redactada esa frase, nada anodina, pareciera implicar que desconoce al llamado Gobierno Interino y de alguna forma reconoce que el único gobierno es el de Nicolás Maduro, que es quien realmente ejerce el “poder”.

Pero al final, debo lamentar que ninguno de los dos documentos avanza mucho en la tan esperada propuesta de una nueva estrategia para la oposición y nos dejan aún a la espera de una opción de movilización para la oposición democrática. Personalmente hubiera preferido algo más elaborado de parte de Juan Guaidó; pero, como bien dice un amigo, sí Juan Guaidó hubiera planteado algo más acabado, no faltaría quien lo criticara diciendo que: “están decidiendo por mí”.

A nivel de intenciones, sin duda Juan Guaidó se siente, y está, en deuda con el pueblo venezolano al no haber funcionado la estrategia propuesta en enero de 2019 –con base en la cual nos movilizamos por el país millones de venezolanos– ni haber funcionado tampoco ninguna de las acciones emprendidas, en febrero y abril o con los procesos de diálogo en Barbados y Noruega. No obstante, aunque incompleta, su propuesta al menos es una propuesta unitaria y esa es ya una estrategia fundamental.

Con relación a la propuesta Capriles, debo decir que mi conclusión es que tal parece que su objetivo no era plantear realmente una estrategia, sino marcar sus diferencias y posiblemente adentrarse en la disputa del liderazgo opositor, buena parte del cual el excandidato presidencial cree conservar. No sabemos aún si se concretara o no en una participación electoral el 6D por parte de Capriles y sus seguidores, pero su propuesta es una afirmación solitaria que no nos hace avanzar mucho en una tarea que debe ser solidaria.

En aras de la unidad de la oposición democrática –dígase lo que se diga, fin estratégico fundamental, aunque no único–, nos gustaría ahorrarnos la amarga discusión que se puede derivar de los documentos de ambos líderes, ¿Será esto posible?

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