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Entre el temor por el covid-19 y sin dinero para las hallacas, así vive el personal de la salud en Carabobo

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Ana Cristina Flores está preocupada. A ella se le ve con su uniforme sanitario caminando por el centro de Valencia, ve vitrinas pero ni siquiera se atreve a preguntar precios. Sabe que no puede comprar nada porque lo poco que gana es para comer.

Poco más de un dólar. Eso es lo que ella cobra como auxiliar de enfermería en la maternidad de la Ciudad Hospitalaria Enrique Tejera (CHET) de la capital carabobeña. Se trata del centro de salud más importante del centro del país y que atiende pacientes de al menos cinco estados más.

Y aunque debería ser motivo de orgullo pertenecer a una institución de ese tipo, para Ana Cristina se convirtió en un riesgo. Al comienzo de la pandemia hizo lo mismo que muchos: introdujo un reposo por temor a contagiarse.

Ella sabe muy bien las condiciones del hospital y por eso prefirió quedarse activa únicamente con su puesto en una clínica privada ubicada cerca del casco histórico de Valencia.

Ahí no tiene contacto directo con pacientes y está más tranquila. Es la chef de la cocina y en ese centro dejaron de atender patologías y se han limitado solo a hacer cesáreas. “Ahí implementaron un sistema de precaución y nos hemos mantenidos sanos”.

Navidades sin hallacas

Por sus habilidades en la cocina, todos los años solía hacer hallacas en su casa para vender. Lo hacía desde el mes de noviembre y con eso lograba cubrir las necesidades económicas de la fecha.

Esta vez ha sido totalmente diferente. “A estas alturas no he podido comprar nada. A mí me pagan el sueldo en bolívares soberanos y todo lo venden en dólares. Lo que gano no me alcanza ni para un kilo de harina”.

Ella calificó esta Navidad como muy triste y dolorosa, “estoy amarradita de las manos porque no puedo hacer nada con lo que cobro. Tengo dos nietas y no he logrado reunir para comprarles algo porque si veo algo a un precio hoy, mañana ya está más caro. Es imposible vivir bien así”.

Ana Cristina sabe que no es la única que está enfrentando esta situación. “La mayoría estamos iguales. Las tiendas están vacías, nadie compra nada, no hay alegría ni emoción. Los arbolitos instalados en las casas son pocos. Y es que ni siquiera pudimos pintar este año”.

Números dramáticos

De acuerdo a los estudios y los datos del Colegio de Enfermeros de Carabobo, esta es una crisis que se replica en toda la entidad.

Solo en la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET) de Valencia, hace más de 10 años había mil 700 enfermeros, actualmente la nómina no llega a 900, mientras que en el Hospital Universitario Dr. Ángel Larralde había 700 y en estos momentos solo hay 370.

Todo un drama tomando en cuenta el crecimiento poblacional y el deprimido poder adquisitivo que ha obligado a la mayoría de los carabobeños a migrar de la salud privada a la pública.





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