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Resultados de la Consulta Popular

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El tema de la semana obviamente es el análisis de los resultados de la Consulta Popular (CP) del 12 de diciembre que nos sorprendió a todos por la magnitud de las cifras; al menos yo así lo reconozco, pues me temía un fracaso estrepitoso. El análisis de los resultados de la CP se ha convertido en un problema político, para unos, y emocional, para otros. Cualquier excusa o acontecimiento, importante o no, sirve para desviarnos de su análisis y perdernos en un mar de elucubraciones.

Pero para hacer el análisis del significado de ese acto es necesario poner las cifras en perspectiva y despejar algunas dudas.

De acuerdo al primer boletín del Comité Organizador, el 87% de las actas escrutadas arroja un total de más de 6 millones 500 participantes, 3,2 millones en Venezuela, 844 mil en el exterior y 2,4 millones por medios digitales. Eso significa, que una vez que concluya el conteo de todas las actas, la cifra podrá sobrepasar los 7 millones de participantes; una cifra similar, quizás ligeramente superior a la alcanzada en el evento similar del 16 de julio de 2017 y un millón y medio de participantes más que en el irrito proceso electoral del 6 de diciembre, aunque no son eventos comparables.

En cuanto al proceso digital, a pesar de las fallas de los dos primeros días, no tengo dudas que en los cuatro restantes se pudo haber alcanzado la cifra de 2,6 millones. Las dudas más importantes se han suscitado por el retraso en dar las cifras definitivas y por la cantidad de participantes en el proceso presencial. Veamos un resumen de ese proceso, según lo relatan algunos de los encargados de los Puntos de Recolección, y quizás eso ayude a disipar las dudas:

– Se dispusieron 7033 Puntos de Recolección. Algunos de ellos tenían hasta 5 mesas.

– Al llegar un participante a la mesa del Punto de Recolección, se identificaba con su C.I, donde se verificaba la fecha de Nacimiento, llenaba sus datos en un Cuaderno de Recolección (Número de CI, Nombre y Firma) y se le entregaba una planilla para que la rellenara con su decisión, la cual depositaba en una urna.

– Finalizado el día se contaban las decisiones consignadas en las planillas rellenadas por los participantes, se hacía un acta y una imagen de esa acta, junto con la trascripción de los datos de los Cuadernos de Recolección, se enviaba a un Centro, donde se cotejaban con la base de datos de cedulados y se verificaban los errores y duplicaciones.

Como se puede apreciar por la rapidez del proceso de recolección de la voluntad de los participantes, no había dificultad en recoger la cantidad de participaciones presenciales que el Comité Organizador ha informado. Sin embargo, la mayor demora y dificultad está en la transcripción de la información y especialmente su transmisión al centro donde se totalizaba.

Imaginemos ahora a un voluntario o activista que fue un promotor itinerante por 5 días con su teléfono celular inteligente, para que la gente participara, que el sexto día fue miembro en un punto de recolección y que al final, todavía debía guardar saldo para poder cerrar el proceso y enviar la imagen de su acta física y transmitir todos los números y cédulas de su cuaderno físico, que podían llegar a ser hasta 500 participantes por punto de recolección, para que estos pudieran ser verificados y cotejados con la información digital para depurar errores y duplicados. Si no se lograba la comunicación, había que llevar hasta algún punto, la planilla física con toda la información de los participantes y el acta respectiva. Sumemos a esa dificultad los problemas de seguridad y movilización y nos explicaremos algunos retrasos en acopiar toda la información para después procesarla. El Comité Organizador de la CP no contaba con todos los recursos con los que cuenta el CNE, ni con un Plan Republica para custodiar y movilizar las actas y resultados. En este contexto, más bien creo que es de alabar que el mismo día se haya tenido escrutado el 87% de los resultados.

Con respecto a la participación presencial en el exterior, si hacemos una comparación con 2017, en ese año había 1,2 millones de posibles participantes en el exterior y se recogieron 700 mil firmas; ahora hay 2,5 millones de posibles participantes y se recogieron 800 mil, que si bien pudo ser más alta –habida cuenta la apatía, las restricciones a concentraciones en algunos sitios debido a la pandemia y el frío, que también fue un factor en los países del norte–, es explicable y no es una cifra despreciable.

Con respecto a la significación de estas cifras, el resultado hay que ponerlo en el contexto adecuado para entender su importancia; en la Consulta Popular no se contó con un órgano similar al CNE, que disponía de los recursos y la fuerza operativa del estado; ni con el plan república como operador logístico para resguardo, movilización y acarreo de participantes; ni con la Cantv desplegando operativos especiales de telecomunicaciones.

Por el contrario, la CP se vio afectada por la pandemia, por la falta de recursos, por el acoso de los colectivos armados y de las policías en estados y municipios, por los problemas de movilización del país, por falta de gasolina y alcabalas para interrumpir el desplazamiento; y con todo eso, se logró –yo creo– una importante cifra de respaldo de una oposición, que como muchos han señalado, tenía más de año y medio sin movilizarse, que está obviamente desmotivada hacia eventos que parezcan electorales, aunque este no lo era.

Se puede entender que existían dudas con relación a si una “Consulta Popular” era la medida más apropiada en este momento, si era la más eficaz, si sería exitosa dado el desánimo que se percibe en la oposición, producto de la misma situación de crisis y fatiga que vivimos, agravada por la precariedad de las comunicaciones cada vez más evidente, el aislamiento y todas las demás cosas que conocemos bien. Parecía claro que no estábamos en las mejores condiciones para una actividad política de movilización de esas características y todos teníamos dudas; pero allí están las cifras y ninguna otra opción –de las que están planteadas para salir de la crisis y rescatar la democracia– ha logrado una movilización popular semejante.

Los resultados obtenidos, si bien no son como para lanzar cohetes, ni dejar de hacer las críticas y reflexiones sobre el proceso, hay que evaluarlos más allá de las cifras y me parece mezquino tildarlo de fracaso, porque los resultados no fueron mayores o más contundentes. Las cifras, cuyo análisis es importante para la planificación futura, deben relativizarse, pues parece que son lo de menos, porque lo importante fue la participación.

Hay un hecho irrebatible. La oposición logró movilizar a más de 7 millones de personas –se dice fácil– en Venezuela y en el exterior, a pesar del hostigamiento, el monopolio de los medios en manos del régimen, de las hordas de colectivos atacando Puntos de Recolección y de las no menos “hordas” de atacantes a la CP en redes sociales –supuestos opositores– con más odio y rencor hacia los organizadores y promotores de la CP que hacia el propio régimen. Ya quisieran algunos de los que aspiran liderizar a la oposición, contar con ese contingente humano en respaldo a su causa.

Y por último, ¿qué se le va a decir a los 7,5 millones de venezolanos que participaron en la consulta?, ¿Vamos a desconocer también a los miles de voluntarios y activistas que pusieron su esfuerzo y recursos propios por el éxito de la jornada? Y al resto de los millones de venezolanos, que sin importarles el riesgo de la pandemia ni las posibles agresiones, acudieron a participar, ¿les vamos a decir que su esfuerzo es despreciable porque a lo mejor sus líderes cometieron errores?

Merecen un mejor trato esos millones de venezolanos que simplemente fueron a decirle al régimen que rechazan su fraude electoral del 6D, que quieren elecciones libres, justas, competitivas, observadas internacionalmente y que quieren que se hagan los esfuerzos que sean necesarios por salir de este régimen de oprobio.

Siete millones de venezolanos, más los que dejaron de asistir al proceso del 6D, si es que son diferentes, es una base importante sobre la cual reconstruir una fuerza opositora. En la oposición nos debatimos en tres o cuatro opciones distintas con relación a la forma de rescatar la democracia en Venezuela; ese será el tema con el que iniciaremos 2021.

Esta es mi última entrega de este año. Reanudaré mi actividad el 9 de enero de 2021; seguramente pasaremos en familia el final de este año –para el olvido– rodeados de paz y tranquilidad y deseando que el 2021 nos traiga mejores perspectivas. Feliz Navidad y un venturoso Año Nuevo.



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