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Víctor Cuica, aquel accidente llamado saxofón: Inicios y vida

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El nombre de Víctor Cuica tiene un importante peso en la esfera cultural caraqueña. Su saxofón cautivó a un selecto y bien nutrido público que se dejaba seducir por aquel romántico y armónico sonido.

Este multifacético artista venezolano, que partió de este plano, este sábado 26 de diciembre, además de saxofonista fue percusionista, flautista y actor.

Víctor Cuica, un artista con el temple de pocos

El temple de Cuica se reflejaba en la manera y forma más que elegante con la que tomaba el saxo. Nacido un 19 de abril de 1949 en La Pastora, se sabe que parte de su formación viene de la Escuela de Músicos Militares en La Victoria, estado Aragua, donde cursó 8 años de estudio.

También se matriculó en la escuela José Ángel Lamas donde tuvo la oportunidad de adquirir conocimientos como la flauta, así como en materias como armonía y composición.

El artista de las noches de Caracas

En el transcurrir de aquellas noches caraqueñas, embotadas de cultura y arte, Cuica se podía contemplar y escuchar en el Café Noisette de Los dos Caminos o en Juan Sebastián Bar de El Rosal.

La gente aplaudía al oír a aquel maestro tocar su saxofón, instrumento con el que recorrió el mundo. Gracias a su talentos participó en la Radio Rochela y protagonizó una de las películas más taquilleras del cine venezolano.

Compartió tarima con grandes orquestas y músicos de la talla de Porfi Jiménez y Gerry Weill, Paquito D`Rivera, Arturo Sandoval, Tito Puente, Lionel Hampton así como en importantes espacios musicales de New York, Suiza, Alemania, Francia, España, entre otros.

Pero, no solo la música dio dicha a este talento nacional, también la paternidad, que conoció en dos oportunidades con la llegada al mundo de sus hijos.

Aquel accidente llamado saxofón, un relato de Víctor Cuica

“A los 14 años yo era un muchacho tremendísimo. De ir a protestas, de lanzar bombas molotov en manifestaciones. Pero también sentía una inclinación por la música porque yo podía convertir cualquier par de palitos en unas claves o marcar ritmos de percusión con ellos. Por eso uno de mis primos, que era percusionista, solía exclamar que ‘¡ese muchacho va a ser músico!’», dijo.

“Como mi papá, que en paz descanse, sabía que me gustaba la música, accedió a inscribirme en la Escuela de Músicos Militares de La Victoria. Ahí estudiaría el ciclo diversificado y me enseñarían disciplina porque yo era terrible. También podría escoger cualquier instrumento para estudiarlo e interpretarlo!», comentó.

«La única condición que me puso mi papá fue que no tocaría ningún instrumento de percusión. ‘Usted va a estudiar piano, saxofón, trompeta o lo que sea, pero tambor no. Cualquier negro toca un tambor’», sostuvo.

“Pero cuando llegué a la escuela y asignaron los instrumentos lo primero que me dieron fue un bombo, que es un tambor, porque era el único instrumento que quedaba».

¡La visita de papá!

“Y llegó la temporada de visitas. En aquella escuela uno pasaba tres meses sin recibir visitas, y en ese tiempo te enseñaban los fundamentos básicos de tu instrumento y a manejar el armamento. Al cumplir los tres meses uno seguía sin poder salir a la calle, pero podías recibir visitas. Tenía a un amigo de Mérida a quien le expliqué que mi papá iría a visitarme en un mes, y que me había prohibido terminantemente tocar cualquier tipo de tambor y que no podía enterarse de que yo tocaba bombo. Sucede que él tocaba saxofón y se ofreció a darme clases, y así empezó todo».

Para disfrutar Víctor Cuica

“En un mes ya sabía cómo era la cosa con el saxofón. Cuando mi papá me visitó me preguntó qué instrumento tocaba, yo saqué mi saxo y toqué algunas cosas. Recuerdo que mi papá quedó satisfecho y se fue tranquilo. Yo seguí estudiando saxofón con mi amigo, y cuando terminaba las clases de percusión visitaba el galpón donde se encontraban los músicos que estudiaban saxofón. El profesor Paoli, que en paz descanse, permitió que yo siguiera estudiando con ellos, con la condición de que consiguiera un instrumento propio y una boquilla».

La casualidad fue la excusa que la vida usó para mostrar a Víctor Cuica cuál era la ruta del éxito que le guardaba el destino. Así también logró llegar a la actuación y acariciar otros instrumentos por los cuales será recordado.





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