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¡Tais loco!, por Henry Alviarez

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Por Henry Alviarez

«Tais loco» fue la expresión que escuché de un ciudadano en la comunidad de Pavia, en Barquisimeto, de mi querido estado Lara. Esa frase fue dicha por un trabajador llamado Giovanny en respuesta a la invitación que hizo el usurpador Jorge Rodríguez, acompañado de la cúpula empresarial, a invertir en Venezuela.

Por ser una frase sencilla y popular, pareciera simple e intrascendente, pero viene de un hombre que no se ha doblegado frente al régimen, que no ha recibido dólares de Cadivi, ni se ha enchufado en los negocios manchados de sangre, ni mucho menos se ha enriquecido  a costa de la tragedia de toda una nación. Su valía precisamente está en que este ciudadano, trabajador de un taller mecánico que repara tren delantero para vehículos, sabe la importancia del trabajo y lo duro que es poder preservar cualquier emprendimiento. Por ello su convicción es clara y entiende que el país institucionalmente no brinda la confianza y las oportunidades de inversión.

Hemos visto cómo en estos años este régimen criminal acabó con todo, pero fundamentalmente con la esperanza y la confianza que debe brindar una nación a sus ciudadanos, esos que aspiran, esperan y luchan por un mejor nivel de vida.

Cercenar el sueño de ser útil y productivo es desmembrar las bases de un país. No puede haber una sociedad armonizada si no hay la certidumbre o la esperanza de que sus ciudadanos puedan superarse y generar riquezas. El mayor mal que hoy aqueja a la sociedad venezolana es precisamente la incertidumbre. Una sociedad puede avanzar con diferencias ideológicas, incluso religiosas, pero jamás crecerá si lo único que tiene cierto es la pobreza.

En esencia, procuramos el bienestar personal, y eso se traslada a las cargas naturales y afectivas que la vida te va otorgando. Pero cuando te condenan a la sumisión y truncan tu espíritu de crecimiento, el ciudadano tiene la necesidad y las opciones, de buscar mejor destino en otros lares, como ha ocurrido con muchos venezolanos, que traspasan nuestras fronteras queriendo superar la tragedia interna; otros procuran resistir y mantienen en la medida de sus posibilidades la esperanza viva de que habrá un cambio; otros deciden resignarse y acomodarse y plegarse como la interesada cúpula empresarial,  convirtiéndose  en cómplices del oprobio, y unos tantos actúan con rebeldía y retan al opresor. Esos son los dilemas que hoy presenta la sociedad venezolana.

Por eso, lo importante de esta lucha es poder trascender para que, a la par de confrontar al sistema criminal, podamos articular un gran tejido social que permita ser el soporte de la Venezuela que vamos a rescatar, y eso pasa por ir sembrando bases sólidas en la conciencia ciudadana, e irse al rescate de lo esencial, como lo es la unidad moral o la unidad espiritual de una sociedad que permita sostenerla y considerarla como nación.

Se trata de recordar nuestras raíces, nuestras culturas, la bondad del venezolano, el espíritu de solidaridad y el alto valor del trabajo, el respeto a la propiedad privada, exaltar ciudadanía y comprender la urgencia para desmontar los trastocados paradigmas creados en esta bagatela de revolución, como la obtención del dinero fácil, el trampolín carente de ética en que se han convertido los entes estatales para beneficiar a unos pocos en desmedro de la ciudadanía, así como desmontar la impunidad creada por la libertad delincuencial prevaleciente. Ese es el gran reto que tenemos por delante todos aquellos liderazgos que emergemos de las sociedades intermedias y por supuesto de los partidos políticos, cuya obligación de modelar es imperante para poder reivindicar el respeto, la credibilidad y las consideraciones hacia las instituciones que representamos.

Sabemos que no es una tarea fácil, sabemos que este modelo criminal ha permeado a todos los entes nacionales precisamente para  destruirlos y subsumirlo a sus bastardos intereses, pero también sabemos que la dignidad mayoritaria y la fortaleza de nuestros ciudadanos se mantienen firmes. De lo contrario, esta lucha estaría condenada al fracaso. Esa frase de «tais loco» llega a consolidar la creencia firme de que no todo está perdido, que la apariencia de fuerza que quiere exhibir el régimen la rebasa el deseo firme de libertad y de prosperidad. Eso sí, en una Venezuela de riqueza bien habida.  Con esa Venezuela pronto nos vamos a reencontrar.

Henry Alviarez, coordinador nacional de organización de Vente Venezuela.

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