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La abstención militante – Noticiero Digital

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El término abstención militante la tomé de un amigo que participó en las últimas etapas de la lucha armada en Venezuela. La abstención, salvo contadas excepciones, no es política. Contrariamente, es la anti política.

En marzo de 1962 en el informe ante el Tercer Congreso del Partido Comunista de Venezuela (PCV) celebrado en Caracas, la consigna fue “este es el último año que los comunistas hacen un congreso en la oposición”. De allí, con la opinión contraria de Gustavo Machado, Jesús Farías, Pedro Ortega, Cruz Villegas y Héctor Mujica, entre otros, el PCV le declaró la guerra al gobierno de Betancourt. Se fundaron las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y las Unidades Tácticas de Combate para la lucha en las montañas y la ciudad. Se trataba de cuadros preparados y ganados para la lucha guerrillera. A ello siguió la decisión del MIR de incorporase a la lucha armada, ambos instigados desde La Habana por Fidel Castro, quien subestimó la habilidad política y determinación de Rómulo Betancourt y éste lo derrotó en todos los terrenos. Se llegó al extremo de hacer dos invasiones desde Cuba, una por Falcón y otra por Machurucuto, Miranda. La derrota de la guerrilla y su política abstencionista fue aplastante. Vino la rectificación y el largo camino de hacer política de masas. Con Chávez pasó lo mismo, dos intentos de golpe de estado fracasados, su llamado a la abstención en 1993 hasta que entendió que la vía más corta para llegar al poder era la electoral y así fue.

Ahora sucede una paradoja: partidos democráticos, que creyeron en las elecciones, andan en una política abstencionista militante, pero sin la preparación para las acciones subsecuentes que ello implica. Más bien buscan la participación de fuerzas extranjeras. El mundo al revés.

La mejor opción para el régimen de Maduro es que las fuerzas democráticas, abrumadoramente mayoritarias, sigan en la posición en la cual están, manteniendo un estado de cosas inviable y negados a participar en las elecciones. De allí las constantes provocaciones de sus voceros para desmotivar y desalentar la participación en las elecciones. La zona de confort de Maduro reside en una oposición renuente a hacer política de calle y que más bien incursione en la búsqueda de atajos, procurando en apariencia el camino más corto, que termina siendo el más largo y doloroso.

Por lo anteriormente planteado, las fuerzas democráticas deben unificarse en torno a la participación electoral, retomar la calle, el contacto con el pueblo, con una política de acumulación de fuerzas y dejar de estar tirando paradas como el jugador de dados que, cuando pierde una mano, redobla la apuesta buscando el desquite.

Hay que prepararse para sortear los obstáculos que van a poner con el nombramiento del CNE y la ley del parlamento comunal, todos ellos distractores para que sigamos donde estamos: en un laberinto. Con un régimen tan anti popular como el de Maduro, una política unitaria va a significar el comienzo real para la liberación de Venezuela. Vamos con fuerza y sin miedo a la reconquista del derecho a votar y a elegir.



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