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Petróleo en gotas, por Manuel Carrillo

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Por Manuel Carrillo

En la última Edad de Hielo o Glaciación que duró 80 mil años y terminó hace 20 mil, los casquetes polares crecieron y provocaron el enfriamiento global con severa regresión de los mares matando al 80% de la vida. Flora y fauna, atrapadas y enterradas en hielo.

Quizás pocos saben que, de las diez zonas más afectadas de ese período, una fue la de Mérida en nuestros Andes. Pero antes de esa, hubo desde el Pleistoceno hasta Holoceno, veinte glaciaciones adicionales con los mismos efectos una y otra vez sobre La Tierra y sus especies. En parte el producto de esa vida atrapada y descompuesta por el clima en dos millones de años en el permafrost, es la biomasa que hoy llamamos combustibles fósiles: petróleo, carbón y gas natural.

Creyéndolo infinito, y que hoy se sabe lo contrario, en su afán de desarrollo la humanidad quemó en solo 130 años el equivalente a más 15% de las reservas originalmente calculadas.

Cuando hablamos de generaciones futuras es común pensar en las próximas cinco y no en cincuenta, esto debería ser fundamental para la planificación de largo plazo en temas neurales como lo son el consumo consciente de energías fósiles y de agua dulce, así como la explotación óptima de las tierras fértiles del mundo para alimentar 15 mil millones de seres humanos lo que está a la vuelta de la esquina.

Pensar en el bosque

El primer mundo busca, sin ser afanosos, inventar una energía alterna con uso a gran escala que sustituya al petróleo y sus derivados sin pensar en serio en el impacto económico que tendría el invento y uso, o si es mixta o puramente ecológica, lo que por ahora no se ve en el horizonte, pero cuando tengamos  el desarrollo tecnológico adecuado, no queda la menor duda que, en 50 años o menos la habrá y es por ello que previendo ese escenario, en los años 80 los economistas de la Escuela de Chicago produjeron una idea genial y no podía ser de otra.

La idea consistía en que a los costos de producción de combustibles fósiles había que sumarles un dólar adicional por barril extraído y vendido para destinarlos a la investigación y desarrollo de otros tipos de energía. El concepto “Costo Marginal de Largo Plazo” (por sus siglas CMLP), lo recomendó el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en su momento y, los países desarrollados lo implementaron en plena crisis de los 80 sin regatear en el costo político. La receta se dejó de aplicar con la inmediata crisis de precios de los 90 y el posterior boom de los precios que, de nuevo en bajada, ya se vuelve a hablar de él.

Los combustibles fósiles son efectivamente finitos a pesar de los grandes yacimientos descubiertos recientemente y hemos abusado por años de las industrias y sus gases invernadero, pero ese es otro tema. Si no cambiamos el modelo de producción de bienes global e invertimos en investigación ya sabemos para donde va la hambruna que ya es casi insostenible, y lo que es peor, un cambio climático definitivo.

Por otra parte, si alguien lo ha entendido es el empresario Elon Musk y su éxito con los Tesla.

Ignorancia criminal

Mientras, aquí reina el despropósito bañado de improvisación como destinando al país a la nada, pudiendo desarrollar otras energías como la eólica y la hidroeléctrica de manera suficiente.

La vida en revolución es un letargo de agonía continuada como en Cuba. Ahora vienen con un plan de producción para este año de 1.5 millones de barriles diarios, irrealizable, que aún exitoso y con precios de 100 $ el barril no alcanza para sacarnos de la miseria extrema que indujeron.

Es posible que seamos también el único país que ha quebrado dos empresas petroleras en su historia, mientras en todo el mundo son potencias paraestatales; estamos al ritmo de producción de cuando murió el Gral. Gómez en 1935, a este paso tendremos reservas de crudo para un miserable oscurantismo tecnológico infinito; el venezolano de a pie ve y no entiende lo que pasó con su abundante gasolina.

Gracias a la revolución y su paz del terror, tenemos en Caracas y otras ciudades combustible a precio internacional, pero de tan pésima calidad que arruina los carros como también hicieron con sus bolsillos y hogares.

Aún siendo un craso error, hasta hace tres años y por décadas nos costaba céntimos de dólar llenar el tanque con 60 litros de 91 octanos; su precio, intocable, ya que en el ideario nacional era nuestra parte de la utilidad de la renta petrolera, un excedente del balance entre la producción de 3.6 millones de barriles diarios en su mayoría para la exportación y, el hecho de tener dos de las refinerías más grandes del mundo, además que fue el único beneficio directo que tuvimos por la gracia de Dios y de la naturaleza de ser venezolanos y vivir en esta tierra sin distinción de clases, raza o religión, un paraíso destruido.

Ahora conocimos como nunca su escasez, y todavía. Solo los nómadas del Sahara y los Inuit de las tierras árticas no utilizan combustibles fósiles para movilizarse en largas rutas. @mcarrrillodeleon

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