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La dura travesía que vivió una venezolana para llegar a EEUU

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El cruce de venezolanos desde la frontera de México a Estados Unidos (EEUU) aumentó considerablemente en 2021. Sin embargo, es una dura travesía la que deben vivir los migrantes para poder llegar a su destino.

Recientemente se conoció el caso de Victoria Lugo, la niña venezolana que murió ahogada al tratar de cruzar con su madre el Río Bravo.

Sin embargo, también está la historia de Alejandra Sánchez (nombre ficticio para proteger su identidad); quién a pesar de que sí logró llegar a EEUU, explicó las dificultades que tuvo que pasar.

«Una de las cosas que me afectó fue cuando en México nos dijeron que no habláramos para que no nos escucharan el acento. Sentía una humillación y esto te golpea emocionalmente», expresó.

VENEZOLANA CUENTA CÓMO FUE SALIR DEL PAÍS RUMBO A MÉXICO

Además, la venezolana contó que decidió emigrar luego de cometer el «error» de apoyar a amigos de su sobrino que son estudiantes de ciencias políticas en formar parte de «un cambio»; y eso le trajo una «persecución muy tormentosa y angustiante» en Maracaibo, estado Zulia.

«Mi vida también era sofocante por el día a día. Cuando me entregaron el pasaporte de mi bebé dije que ya no podía quedarme en el país; y tomamos la decisión de irnos a EEUU por la vía mexicana», dijo.

Durante una entrevista ofrecida a la periodista Shirley Varnagy en Onda, confesó que se puso en contacto con personas que le ayudaron a cruzar la frontera, pero «me cobraron 2.500 dólares por persona».

«Salí el 18 de febrero de Maracaibo con destino a Riohacha. Pasamos Migración Colombia y tomé un vuelo a Bogotá. Al día siguiente volé a México, y una vez que llegamos no hubo problema alguno en cuanto a migración ya que todo estaba acordado», señaló la venezolana.

Foto referencial

Aunque, indicó que las personas que la iban a recibir en Ciudad de México la hicieron esperar junto a su hijo de cinco años «desde las 8:00 p.m. hasta las 2:00 a.m. esperando afuera del aeropuerto porque donde nos iban a hospedar era muy lejos».

«Esa noche cuando nos trasladaron a la casa estábamos cuatro personas y se suponía que lo que cancelé cubría todo; pero el día siguiente nos movilizaron a un hotel pero no nos recibieron porque éramos venezolanos», manifestó.

La venezolana resaltó que las personas le indicaron el día siguiente que debían cancelar el boleto a Piedras Negras, «pero esto debió estar cubierto al igual que el hotel. Es decir, te ofrecen 15 manzanas pero te venden dos naranjas».

¿CÓMO FUE CRUZAR LA FRONTERA?  

Alejandra Sánchez agregó que el día que iban a cruzar la frontera montaron a varios venezolanos en una camioneta y los dejaron en un monte.

«Nos dijeron bájense rápido y logramos entrar a lo que es un monte sin que nos vieran. Estando allí corrimos como cuatro minutos y nos paramos a descansar; pero no podíamos hacer ruido porque si llegaba la guardia el problema nos quedaba a nosotros porque ellos se iban a ir corriendo», sostuvo.

La venezolana reveló que después de esto comenzaron a correr por 20 minutos «monte adentro y nos tocó hasta deslizarnos por unos barrancos. Tuvimos que estar como cinco minutos en cuclillas porque llegando al río se escuchó una lancha».

Foto referencial

Destacó que las personas que los iban a pasar les informaron que el río Bravo «no tenía fuerza y que la altura estaba al nivel de la cadera. Pero cuando estás allí llegas con un desgaste físico impresionante».

Además, les dijeron que «las mujeres no pasan con niños. A ellos los toman los hombres más altos y fuertes. Yo en ese momento dije que sería la excepción y que iba a pasar con mi hijo porque no lo iba a entregar; pero me lo quitaron».

«Mi hijo no se quiso montar en los hombros del chico que estaba adelante de nosotros y entonces él le dijo que lo abrazara y me diera la mano a mí. Cuando entramos al río, el agua estaba helada y se sentía pesada. Pero soy sincera, si a mí no me hubiesen quitado a mi hijo antes de entrar al río nos ahogábamos los dos», mencionó.

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En ese sentido, la venezolana recordó que salió del río sin fuerzas. «Prácticamente el chico que estaba adelante de mí me jaló en el último tramo».

«Una vez que cruzamos yo no pude cambiarme de ropa por el desgaste que tenía. Seguimos caminando por un monte y bordeamos una laguna. Una vez que hicimos eso vimos el muro y la patrulla fronteriza. Ellos nos indicaban con las linternas por donde era para que subiéramos. Al pasar el portón yo sentí paz y felicidad, pero también rabia e impotencia», puntualizó.

Por último, la venezolana agregó que los funcionarios fronterizos de EEUU siempre fueron respetuosos. «Estábamos detenidos, pero nunca me separaron de mi hijo. Tuvimos varios días allí, pero el trato fue humano».





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