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El varicocele es más común de lo que piensas, por Ricardo Soto-Rosa

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Por el Dr. Ricardo Soto-Rosa

Un flamante Fairlane 500 coupe, color vino tinto, se desplazaba rumbo al occidente del país por la autopista regional del centro. El grupo familiar había salido muy temprano en la madrugada, poco antes del amanecer. Su destino vacacional era San Antonio del Táchira, Cúcuta y Pamplona. El flaco Eduardo se sentía incómodo en el asiento de atrás, un dolor sordo y agotador en su testículo izquierdo lo hacía variar de postura sin lograr alivio.

El flaco Eduardo sabía, por sus recientes estudios de biología, que en los testículos se podrían presentar diferentes cuadros patológicos, como los procesos infecciosos e inflamatorios llamados orquitis, donde hay enrojecimiento, calor con aumento de volumen, el profesor también habló de torsión del testículo, debido a un giro dado sobre el cordón al cual se encuentra unido, lo que produce dolor inmediato y de intensidad suprema.

Escuchó a su mamá hablar de Gilbertico, el hijo de su primo, ella comentó: “el pobre murió muy joven por cáncer de testículo”… La frase se quedó sonando con un eco permanente entre los solitarios corredores de su mente, ahora con este dolor justo allí y siendo familia, el Flaco comenzó a elucubrar en la fatalidad de la herencia.

En la primera parada de tomar café e ir al baño, el flaco Eduardo se fue muy preocupado al primer sanitario, donde comenzó a explorar su testículo, el mismo no le dolía al tocar, pero con terror, noto la presencia de unos bultos alargados, como espagueti, en el izquierdo que no estaban del lado derecho.

El flaco Eduardo estaba seguro: “Él también tenía cáncer de testículo”. El resto del camino no podía dejar de pensar en los difíciles días que le esperaban y cuál sería el momento más oportuno para comunicarle la noticia a sus padres.

Al llegar a San Antonio del Táchira, decidió sincerarse y le comunicó a su papá aquel fatídico hallazgo, éste preocupado lo revisó y le dijo: vamos de inmediato al médico, “estas cosas se deben de atender sin más vueltas”. Acudieron al consultorio de un viejo urólogo que le recomendaron en la recepción del hotel, era sencillo pero impecable, estaba ubicado cerca de la Plaza Bolívar. El flaco Eduardo estaba pálido y casi sin poder hablar le explicó su dolencia al sabio anciano, quien al examinarlo de pie y acostado le dio su diagnóstico: “Es un varicocele Mijo, es decir, varices en las venas del testículo”.

La sangre que regresa desde los testículos, lo hace a través de unos vasos sanguíneos conocidos con el nombre de las venas espermáticas, que al unirse forman una sola vena, la cual recorre un largo trayecto, hasta alcanzar la vena renal del lado izquierdo y la vena cava del lado derecho.

Como podemos darnos cuenta, en estas venas, la sangre circula desde el sitio más declive, donde están los testículos hasta la altura donde se encuentra el corazón, con dirección opuesta a la fuerza de gravedad, por tal razón las venas disponen de un mecanismo valvular que permite que la sangre suba pero que no se regrese hacia abajo, similar a una válvula check muy utilizada por los plomeros en sus sistemas de tuberías.

Cuando estas válvulas se dañan y se hacen insuficientes, tenemos entonces una sola columna de sangre dentro del vaso, ejerciendo cada vez más presión hidrostática sobre sus paredes, transformando la vena en un vaso grueso, tortuoso y dilatado, donde la sangre circula lentamente y se va quedando estancada. Esto es lo que llamamos una varice, y las varices en las venas que drenan al testículo se conoce con el nombre de varicocele.

La presencia del varicocele puede producir dolor por congestión venosa, el cual se desencadena al permanecer mucho tiempo de pie o sentado, también posterior al ejercicio físico, este, es un dolor sordo, opresivo como si le estuvieran apretando suavemente y se va incrementando con el tiempo.

El otro gran problema del varicocele es que la presencia de todas estas venas dilatadas alrededor del testículo, elevan su temperatura, alterando la producción de espermatozoides, disminuyendo progresivamente la cantidad y calidad de los mismo, siendo el varicocele una de las causas más frecuentes de infertilidad del hombre y la primera causa de infertilidad secundaria, que es aquella que ocurre cuando un hombre logró tener su primer hijo y al intentar un nuevo embarazo no lo logra por la baja cantidad y calidad de sus espermatozoides.

Los testículos requieren una temperatura de uno o dos grados centígrados inferior a la del cuerpo, por esta razón se encuentran en las bolsas escrotales, con capacidad de distenderse cuando hace calor, para alejar a los testículos y que se refresquen, o se retraen cuando hace frío para acercarlos nuevamente al calor corporal. Todo lo que sea calor local en los testículos va a perjudicar su funcionamiento.

El diagnóstico del varicocele se hace al palpar las bolsas escrotales donde se pueden distinguir en su interior unas estructuras de aspecto vermiformes, es decir parecidas a unas lombrices o a unos espaguetis, que aumentan de grosor al pujar.

El eco doppler testicular nos permite identificar las varices con toda precisión al demostrar el reflujo venoso con los esfuerzos. La mejor noticia, es que el varicocele se trata con una micro cirugía ambulatoria, sin dolor y de rápida recuperación, donde se utilizan lupas o microscopio, así como un sistema doppler de localización vascular. Esta cirugía elimina el dolor y permite al hombre recuperar su fertilidad para iniciarse en la dichosa y exigente aventura de ser padre.

Es recomendable que todos los hombres en planes de formar familia se practiquen los exámenes pertinentes con el urólogo. De regreso a Caracas el flaco Eduardo fue evaluado y durante el período vacacional con una sencilla cirugía terminó aquel episodio donde su conocimiento y la imaginación le jugaron tan mala pasada.

Para conocer más de este y otros temas @drsotorosa.

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